¿Soy yo o los líderes de Podemos parecen cada vez más aburguesados y aclimatados a vivir en las altas esferas sociales?



La nueva oligarquía despótica es cada vez más evidente entre los líderes populistas de la izquierda radical.




Algo ha cambiado en la política española y para mejor, pero para mejor a unos pocos, y no es otra cosa que el camaleónico cambio radical de los líderes populistas, los cuales, podrían pasar inadvertidos entre los integrantes de la «jet set» española.

Algunos líderes populistas están acostumbrados desde hace tiempo a las mariscadas, como la que se «zampó» en un conocido restaurante de Mallorca el líder de la formación morada cuando aún era un simple proyecto de «Caudillo» y no ostentaba tanto poder como en la actualidad. Bien parece haberle cogido el gusto a los placeres de la vida el susodicho y a los privilegios que ofrece su nuevo estatus social.

Algunos podrían pensar que nos mueve la envidia y quizás tengan razón, es un mal endémico dentro de nuestras fronteras, y reconocemos que han sabido monetizar muy eficientemente su «negocio», a nosotros nos parece un ser miserable, un vende motos de tres al cuarto, pero nadie le puede negar que ha sido un «visionario» y entendió que el camino más corto para hacerse rico pasaba por cimentar un discurso del odio contra lo que él ansiaba conseguir y lo que es más increíble, llegar hasta donde ha llegado, haciendo ver a los pobres que son unos desgraciados.

Sus fanáticos consideran un éxito que su líder viva por ellos esa vida que siempre soñaron, solamente verle cabalgar a lomos de coches de lujo, vivir en un casoplón que haría las delicias del mayor de los burgueses y además, ingresar ingentes cantidades de dinero (por partida doble) del erario público, les hace sentirse participes del éxito de Podemos, aunque a ellos no les ha mejorado la vida en nada, bueno, algunos podrán ingresar la «paguita» y seguir fumando petas y bebiendo litronas en las plazas de nuestras ciudades a sueldo del Estado, aunque está por ver a cuantos les llegará el pago a su voto.

Así nos va, esperemos que dentro de poco la «paguita» no se convierta en cartillas de racionamiento y nos tengamos que pelear por un mendrugo de pan. Estamos seguros, que llegados al caso, algunos tendrán cobijo en alguna zona lujosa de Venezuela, allí donde viven los gerifaltes del narcogobierno bolivariano.

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Publicado en Opinión.
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