Pasando por Capilla: Sobre el modelo de inmersión lingüístico


A todos aquellos que consideramos la educación como la mejor inversión y recurso de un país, nos han escandalizado las declaraciones de cargos relevantes dentro del nuevo gobierno socialista en apoyo al modelo de inmersión lingüístico que se practica en Cataluña y que se ha reproducido a otra escala en zonas como Baleares o Galicia.




En primer lugar, pongámonos en antecedentes sobre donde surgió este sistema. A principios de los 80, la derecha catalana, encarnada en ese peso pesado en su día que era Pujol, planteaba un modelo de educación de libre elección de lengua, a elegir entre el español o el catalán. Pero las fuerzas de izquierda, representadas en el desaparecido PSUC, el PSC (dentro del cual había dos corrientes en relación al modelo educativo) y ERC apostaron por el sistema único con el uso del catalán como lengua vehicular. El objetivo era, desde su punto de vista, jugar un papel de “integración” a través del idioma. Ya sea por cuestiones de cálculo electoral, ya sea por la incapacidad de prever cuales serían las consecuencias a medio y largo plazo de esta decisión, lo cierto es que hubo un acuerdo bastante amplio a nivel político y social en apostar por este modelo.

Sin embargo, tras unos años comenzaron a surgir dudas sobre el sistema puesto en vigor, no tan sólo desde las fuerzas de carácter más conservador, sino incluso desde grupos de izquierda. A lo largo de la década de los 90, cuando se produjeron en distintas oleadas transferencias de competencias a las Autonomías, y se pudo reforzar por otras vías la imposición del catalán, se multiplicaron las voces que protestaron por un sistema que negaba cualquier alternativa a la planteada por los dirigentes de la Generalitat. Cabe recordar que el primer paladín del “procés”, el malversador Artur Más, llegó a manifestar su oposición al mismo, y apostaba por un modelo trilingüe, todo ello antes de convertirse en una marioneta del clan Pujol.

En el modelo de inmersión lingüística actual las horas dedicadas a español y lenguas extranjeras se reducen a las propias de la materia a impartir. Es decir, que en el mejor de los casos pueden darse 3 horas semanales, e incluso se ha burlado la ley haciendo que en algunos casos el tiempo de recreo compute como “horas lectivas” a efecto de excluir la enseñanza de esa lengua. Ahora cabe plantearse en qué situación se encuentra el modelo lingüístico, un análisis que quizás nos ayude a derribar una serie de mitos en torno al mismo:

1. El apoyo de los catalanes al modelo actual es completo y sin fisuras

Mentira. Como ya se ha comentado, desde principios de los 90 se han planteado abiertamente dudas respecto a la viabilidad del sistema educativo. Hoy día, a pesar de que existen multitud de organismos y medios dentro del entramado de la Generalitat como para hacer una valoración real de la opinión de los ciudadanos, no hay ningún estudio fiable que recoja su opinión en un tema de capital importancia. Es por ello que podemos basarnos en encuestas como las realizadas periódicamente por Instituciones tales como Convivencia Cívica Catalana o el CIS, que indicarían que menos de un 20% de los ciudadanos apoya un sistema de enseñanza única y exclusivamente en catalán, siendo la opción mayoritaria la de aquellos que apoyan un sistema trilingüe o bilingüe.

2. En otros países se practica

Falso. El único territorio con un sistema similar es Groenlandia, una práctica que no está exenta de polémica puesto que desde sectores críticos se dice que se ha impuesto para limitar la emigración a Dinamarca, un auténtico “muro lingüístico”.

De hecho, por parte de una institución como el Consejo de Europa ha habido múltiples declaraciones condenado el sistema de inmersión lingüística e instando a las autoridades educativas a permitir a los padres elegir la lengua de escolarización de sus hijos, algo que es la norma habitual en todos los países de Europa en aquellas comunidades con más de una lengua oficial.

La propia UNESCO ha publicado varios informes, el último de ellos en 2016, tras estudiar el modelo de inmersión con la conclusión que éste puede suponer un obstáculo al correcto desarrollo intelectual de los menores.

3. Mejora los resultados académicos y es garantía de éxito y formación

Afirmar esto es un atentado al sentido común; sin duda, estudiar en una lengua que no es la materna supone un problema para ese más del 50% de los catalanes que tienen al español como lengua de uso habitual.

Los informes PISA publicados cada año muestran siempre tasas de fracaso escolar y bajo rendimiento por encima de la media nacional, y obviamente es el grupo de alumnos forzados a estudiar en catalán los que copan el grueso de ese colectivo. Por otra parte, los mismos informes denotan menores competencias ya no tan sólo en lengua española, que en el mejor de los casos se estudiará 3 horas semanales en algunos centros, sino en el resto de asignaturas que se imparten en catalán, por dificultar la capacidad de compresión y expresión

4. Juega un papel de integración

Es uno de los argumentos favoritos de las fuerzas de izquierda, según las cuales no puede tolerarse una separación por motivo de lengua, pero lo cierto es que la aplicación de un sistema de inmersión ha ayudado a generar guetos y divisiones entre alumnos que encajan dentro de sistema educativo y aquellos que quedan excluidos.

Además, si bien las escuelas públicas y concertadas han tenido que aplicar este modelo, esto no sucede con los centros privados e internacionales, instituciones con un coste muy elevado que no todos los padres pueden permitirse. De hecho, resulta un tanto paradójico que mientras hay políticos y paladines del nacionalismo como Pilar Rahola o Artur Más que apoyan y promueven este sistema no lo quieren ni lo aplican a sus propios hijos, a los cuales han matriculado en elitistas liceos franceses e ingleses donde podrán adquirir competencias en otras lenguas más allá de la catalana.

El modelo de inmersión lingüístico de Cataluña, que lamentablemente corre el riesgo de hacerse extensivo a otras zonas del territorio nacional, está basado, como otros pilares del nacionalismo, es una serie de mitos y mentiras. La educación es la herramienta más importante de un país, aquella que determinará nuestro futuro y posición en el mundo a medio y largo plazo. Sería importante preparar a nuestros menores para que estén capacitados a interactuar con gente más allá de su pueblo. El requisito mínimo sería un modelo bilingüe o trilingüe, aunque incluso sería mejor equipararnos a Europa con modelos de elección de lengua. Dejar algo tan importante como nuestro futuro como sociedad en manos de políticos ineptos en lugar de gestionarlo nosotros mismos es, a todas luces, una grave irresponsabilidad.

Autor: Antonio Capilla Vega

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Publicado en Opinión.
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