Pasando por Capilla: La cadena perpetua, una cuestión de Justicia

El crimen, en la Unión Soviética, no existía. Al menos teóricamente, porque el comunismo, centrado en organizar y distorsionar a su gusto cada simple aspecto de la vida de los ciudadanos, pregonaba que las violaciones, los asesinatos y demás miserias humanas eran acciones inherentes a las democracias capitalistas y liberales, con lo cual allí, en ese “paraíso socialista en la tierra” tales abyecciones simplemente no podían tener lugar. Lo cierto es que, tal y como ocurrió con otros crímenes como los famosos gulags siberianos o las purgas estalinistas, asesinatos como los del psicópata en serie Andréi Chikatilo, conocido como “el Satán de los bosques” y con no menos de 50 víctimas a sus espaldas, fueron silenciados y no llegarán a ser conocidos por el gran público hasta muchos años después de la caída de ese régimen tiránico.




De esa concepción del crimen todavía está empapada cierta izquierda mojigata carente de todo sentido del realismo y pragmatismo. Paradójicamente, partidos ubicados en ese lado del panorama político y que centran sus programas, según ellos, en proteger a los más desfavorecidos, no hacen más que trivializar acciones tan horrendas como las vividas en los últimos años, buscando diluir la responsabilidad de éstas y citando como autores indirectos de las mismas no a los que las perpetran, sino a algo tan etéreo como “la sociedad”, “el sistema educativo”, o según la moda de los últimos años, “el heteropatriarcado”, signifique eso lo que signifique.

Esta puede ser una legislatura en la que se marque un antes y un después en el tratamiento que se le da a esta gente. Podemos seguir el ejemplo de países de nuestro entorno como Reino Unido, Alemania, Francia o Italia, todos ellos democracias más que consolidadas, y aprobar una prisión permanente revisable o como quiera llamarse, cumpliendo con lo que ya es un clamor popular, o podemos atenernos a discursos populistas y demagogos como algunos están llevando a la práctica y defienden de forma tan cínica.

En nuestras manos está decidir si en un futuro otro psicópata como DE JUANA CHAOS puede salir a la calle cumpliendo menos de un año por cada asesinato, si otro RAFITA, convertido ya en criminal profesional, puede valerse de una posición de superioridad para abusar en grupo y asesinar a una persona con discapacidad como Sandra Palo, o si otra ANA JULIA QUEZADA puede volcar toda la bazofia que lleva dentro para hacer daño a un pequeño inocente que se ha ido demasiado pronto. De nosotros depende lograr que esa gente salga tras unos años, o como la mayoría queremos, que se pudran en cárcel.

Autor: Antonio Capilla Vega

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Publicado en Opinión.
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Un comentario

  1. A algunos les preocupan los derechos de los asesinos y los violadores. A la gente de bien nos interesa el bien de la gente de nuestro entorno. Cada uno que decida con quién quiere estar.

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