Pasando por Capilla: Eternamente Franco



Según la paradoja del abogado estadounidense Godwin, “a medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno”. Aunque creada como un intento de burla jocosa a aquellos que quieren simplificar sus argumentos con una referencia a ese hecho, lo cierto es que ha servido como pauta de actuación para varios grupos de debate, estableciendo que cualquier alusión a ello supone el fin de la discusión y la pérdida de esta.





Casi se podría decir que la izquierda nacional padece del mismo complejo reduccionista con Franco. ¿Qué se pone sobre la mesa la libertad de educación, tal y como ocurre en cualquier país europeo? Puro Franquismo ¿Quizás un aumento del gasto en seguridad o de los efectivos policiales? Sin duda una medida represiva franquista. Y ya no digamos de temas más delicados pero demandados como el control fronterizo, que ni siquiera puede abordarse por la negativa de las fuerzas de izquierda al tacharlo de “debate franquista”. El escenario llega a ser tan delirante que incluso dentro de las propias fuerzas que usan ese término pueden llamarse franquistas entre ellos, dándose situaciones como la de Podemos donde los errejonistas son tildados de eso por parte de los partidarios de Iglesias, cuando todos ellos se ponen de acuerdo para llamar cachorros franquistas a miembros del PSOE o incluso cuando gente de la CUP o ERC pueden llamar franquistoides a todos los anteriores.

En el fondo, la reducción a una cosa tan simple y vacía como llamar franquista a un oponente no es más que una muestra de ausencia total de ideas. Ante la incapacidad de hacer frente a los problemas actuales desde una perspectiva pragmática, se recurre a ese sempiterno calificativo de una época pasada que más de media España no puede recordar porque ni siquiera había nacido en ese tiempo, y que a duras penas puede influir en la situación actual por ser tan distante en el tiempo. Y es que a día de hoy, y teniendo en cuenta que el tipo de problemas que nos afectan como sociedad tienen poco o nada que ver con los que pudiéramos tener hace medio siglo, haríamos bien en aparcar este calificativo.

Franco murió hace muchos años, es un elemento del pasado. Eso es algo que la mayoría de la sociedad sabe, y los debates en torno a ello hastían a gran parte de la ciudadanía, que ha dado muestras más que sobradas de que quiere hacer de la concordia su seña de identidad. Ahora sólo hace falta que los partidos de izquierda, que juegan un papel esencial en la democracia, comprendan esto y busquen soluciones reales a problemas de ahora. A no ser que sean incapaces, y que para justificar su existencia no les quede más remedio que aludir eternamente a Franco.

Antonio Capilla Vega

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Publicado en Opinión.
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