Pasando por Capilla: Hay una bandera de España en mi balcón

Autor: Antonio Capilla Vega

Desde siempre recuerdo la presencia de una bandera española en mi casa. Ignoro cómo llegó o quién la trajo, pero esta solía estar guardada en un cajón, y su presencia se hacía notar en ocasiones muy marcadas, básicamente en encuentros deportivos. Para sincerarme, hasta hace unos años el mostrar una rojigualda fuera de esos particulares momentos me hubiera parecido excesivo, ni mucho menos por sentir desprecio a la misma, pero porque en esa época tenía la sensación de que iba a ganarme miradas de recelo de algunos por una muestra que se calificaría de excesiva.




La experiencia y viajar han cambiado mi percepción. Porque tras cinco años en el Reino Unido he podido ver que allí no existen momentos en los cuales “puede” ondearse la bandera, sino que cualquier situación y motivo es bueno, de allí que puedan verse los colores de la “Union Jack” decorando camisetas, llaveros, teteras y cualquier otro objeto que les pueda venir en mente. Y las visitas a otros países tan distintos como Estados Unidos o Rusia me han mostrado que allí el raro del vecindario es el que reniega de decorar su casa con los colores de la enseña nacional.

Desde hace unos días he colgado una bandera de España en mi balcón. Una enseña que tengo intención de mantener, una iniciativa a la que he visto ya se han sumado varios vecinos en mi misma calle. Los de mi barrio no somos los únicos, y basta darse un paseo por cualquier zona de nuestro archipiélago en general y de Palma en particular para comprobar como a raíz de los últimos acontecimientos han proliferado por doquier las banderas españolas y baleares, las que definen nuestra identidad.

A título personal, diré que he colgado la bandera porque entiendo la misma como un símbolo de concordia. Porque esta es la que nos representa a todos, la que decidieron adoptar mi abuelo franquista Blas y mi abuelo republicano Antonio en detrimento de sus enseñas, en la búsqueda de paz y un espacio común para todos. Lo hago porque bajo ella es donde hemos conseguido uno de los mayores períodos de bienestar y libertad que nos ha colocado como uno de los países con mejor calidad de vida de todo el mundo.

Y lo hago principalmente como muestra de solidaridad con aquellos catalanes que en este clima de odio generado por el nacionalismo han tenido la osadía de discrepar de esa ideología única, y porque esta enseña representa la modernidad frente al anacronismo de aquellos que diciéndose hablar en nombre de todo un pueblo plantean levantar fronteras entre amigos y familiares y buscar un método rápido con los que eludir sus cuentas ante la justicia. Porque diferencia de otras banderas excluyentes, bajo la nuestra, cabemos todos.

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Publicado en Opinión.
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