Pasando por Capilla: Institut nova Història: Reescribiendo la Historia de Cataluña

Autor: Antonio Capilla Vega

En la genial obra de “1984” de George Orwell, se habla de la existencia del “Ministerio de la Verdad”, una institución cuya función pasaba por reescribir la historia para que las predicciones del Gran Hermano coincidieran con la realidad. Una obra de ficción que, gracias al podrido ambiente que el nacionalismo está generando con su política rupturista en los últimos años, ha sido superada con creces. El dudoso honor corresponde al Institut Nova Història, una asociación “cultural” (concederle dicho calificativo aún entrecomillado es ser demasiado benevolente) dedicada a una nueva disciplina, la pseudohistoria, un campo de estudio al nivel de criptozoología. Y si esta última se centra en buscar imposibles animales mitológicos, la otra basa su estudio en dar a conocer teorías históricas que provocan una mueca que queda entre la perplejidad y la risa nerviosa. Algunas de las disparatas teorías que esta institución, generosamente remunerada por la Generalitat, ha puesto en circulación, pasan por negar el posible origen mallorquín de Cristóbal Colon para reconvertirle en catalán de los pies a la cabeza, fenómeno que también supone renombrarlo como Joan Colom i Bertran, antepasado directo, ni más ni menos, del ex presidente del partido del 3% Artur Mas; rebautizar a Miguel de Cervantes, que pasa a ser Joan Miquel Servent, o convertir a la devota Santa Teresa de Jesús en Teresa Enríquez de Cardona, barcelonesa de toda la vida.

Si creen ustedes que el afán de reescribir la historia se limita a personajes patrios se equivocan; las redes del Institut Nova Història se extienden más allá de nuestras fronteras, y gracias a su arduo trabajo de investigación hemos podido descubrir que el genial Leonardo da Vinci era, por lo menos, de origen catalán, hecho que resulta a juicio de los miembros del Institut absolutamente irrefutable simplemente porque en el blasón de su familia había un escudo con tres rayas verticales rojas, además de que al parecer de estos pseudohistoriadores, llegó a visitar Barcelona en hasta dos ocasiones. Si hasta ahora consideran que esto es inverosímil no desfallezcan, porque en primicia dicha institución nos ha ilustrado con el hecho de que el mismísimo Santa Claus, nuestro Papá Noel para los que no gustan de anglicismos, es ni más ni menos que de Alicante (y por extensión, catalán de pura cepa, que para eso están los Països Catalans), porque al parecer un intercambio comercial con Holanda les llevó a tomar como referencia a un tal Pere el Negre, un morisco que en el país de los tulipanes se encargaron de hacerlo evolucionar a un obeso y bondadoso personaje.

La reinterpretación de la historia no se ha limitado a cambiar el origen de conocidos personajes, sino que incluso ha variado el curso de determinados eventos. Si recuerdan que Cristóbal Colon había sido renombrado como catalán, el descubrimiento de América se hace, por extensión, catalán. Clásicos de la literatura como “La Celestina” o “El Lazarillo de Tormes” no son más que obras catalanas robadas por la pérfida Castilla, que se encargó, en una oscura maniobra sin precedentes, de traducirlas y difundirlas. Además, en un ejercicio de malabarismo llegan a asegurar que la actual bandera de Estados Unidos no es más que una evolución lógica de la senyera catalana, o que Roma no alcanzó su esplendor hasta que no fue conquistada (en efecto, han leído bien, Cataluña conquistó a Roma y no a la inversa) por tropas enviadas a la ciudad de los césares.

Uno se preguntará que tipo de medios han sido utilizados, quizás a la espera de que documentos jamás vistos o novedosos métodos de investigación hayan dado con hechos hasta ahora desconocidos. No es el caso, y sorprende la ausencia de cualquier soporte que pueda avalar sus hipótesis. Sus conclusiones, en palabras de varios de sus miembros, se limitan a la capacidad de “leer entre líneas” determinados documentos, o en entender que la similitud fonética entre determinados términos da lugar a conclusiones tan evidentes desde su punto de vista que simplemente no necesitan ser respaldadas.

De todos los personajes a sueldo de esta institución, el que más relevancia mediática ha conseguido es un tal Víctor Cucurull. Este individuo, en política desde la década de los 80 y sin ningún éxito remarcable en todos estos años, ha adquirido popularidad por la difusión de sus disparates a través de la plataforma Youtube. Miembro también de la ANC (Assemblea Nacional Catalana), otro chiringuito nacionalista generosamente subvencionado por la Generalitat, está detrás de actos de movilización y conferencias que provocan poco más que el espanto entre aquellos con curiosidad y un mínimo conocimiento de historia.

Los más avispados dentro del nacionalismo dirían que esta organización hace un flaco favor a su causa al difundir teorías propias de descerebrados. No obstante, parece que son muchos los que usan a esta institución como mamporreros, un colectivo de “tontos (y nunca mejor dicho) útiles” a su causa, y lo demuestra el hecho de que una figura de tanta relevancia como el mismo Jordi Pujol haya felicitado en público su trabajo de investigación, así como haber contado con el respaldo del partido ERC en multitud de sus actos.

Todo este espectáculo sería digno de una tragicomedia clásica o una obra de humor negro si no fuera por la credibilidad que algunos quieren darle, y sobre todo, por los miles de euros a los que no sale cada una de sus diatribas. Puestos a reírnos a carcajadas con alguien, y no de alguien, oriundo de esas tierras, y sobretodo hacerlo de forma más económica, propongo hacerlo con videos del humorista Eugenio. Seguro que al mismo, semejantes reflexiones en torno a la “nación catalana” acabarían con el insólito hecho de arrancarle una carcajada.

Saben aquell que diu…

Publicado en Opinión.
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Un comentario

  1. Mientras estos fanáticos dicen chorradas se están llevando el dinero bien calentito. Ya no es sólo el propio gobierno de España y sus ciudadanos los que deberían protestar contra esta manipulación, creo que los historiadores deberían criticar unas manipulaciones tan burdas

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