Pasando por Capilla: Cataluña y Schrödinger

No soy una persona muy dada a divagaciones filosóficas. Reconozco que más por desidia que por pragmatismo, no dedico mucho tiempo a esto de investigar y comprender ciertos teoremas. Por ejemplo, uno de los que más me cuesta entender es el famoso dilema de Schrödinger, un experimento imaginario concebido en 1935 por el físico que da nombre al mismo y según el cual, un gato puede estar vivo y muerto al mismo tiempo.




Como con el felino, mi creencia es a pensar que hay una línea que en determinadas ocasiones separa dos estados, pero sobre la cual no se puede estar mucho tiempo. Así, desde mi punto de vista, el gato puede estar vivo o muerto, pero no ambas cosas a la vez; una mujer puede estar embarazada o no estarlo, pero no estar “un poquito encinta”; y hasta que Puigdemont nos iluminó con su sabiduría, ignorante de mí, pensaba que un país podía ser independiente, o no serlo.

A los 8 segundos de “independencia”, y concederle un entrecomillado a eso ya es demasiado, le ha seguido un estado ambivalente que ha dejado estupefactos a todos y que ya se ha prolongado por demasiado tiempo. La burla por fascículos que ha constituido el “prusés” no pudo ni siquiera terminar con la tan cacareada DUI, sino con una payasada a la altura de lo que hasta ahora ha sido esta pantomima.

Se mire como se mire, esto se ha acabado. Ya no hay próximas fechas, ya no hay eventos en el futuro que sirvan para establecer un marco de referencia, ya no habrá otras oportunidades con las que movilizar a la gente. Aquella minoría que ha creído ciegamente en esto y que era ajena a la realidad ha quedado totalmente decepcionada. Y sin el apoyo de estos, afortunadamente esto no puede continuar.

Ahora toca ponerse a trabajar. No será fácil, ya que aún deberemos acudir a los estertores de la carrera política de Puigdemont y esa alianza contra natura que manda en el Parlamento de Cataluña y que sin duda se resistirán a convocar elecciones, pero esta es la única salida. Toca rehacer por completo la educación, para que a través de ella se puedan formar ciudadanos libres del siglo XXI y no súbditos adoctrinados. Es tiempo de plantear el papel de los medios de comunicación pública, en los que debe primar la objetividad y no ser herramientas al servicio de determinados partidos. Habrá que desmantelar a esa diplomacia paralela, que ha costado millones de euros a las arcas públicas, y que ha sido utilizada como lugar donde colocar a familiares y allegados de los gerifaltes de la Generalitat. Y debemos recuperar una Cataluña donde el respeto a la legalidad y la seguridad jurídica sean los ejes sobre los que se organiza todo.

En resumen, vamos a tener que coser las heridas que el nacionalismo ha infringido con sus falsas promesas y limpiar el odio inculcado. La Cataluña de la declaración-de-independencia-en-suspensión no es más que el último disparate, y no representa un estado como el de Schrödinger que existe y que no lo hace al mismo tiempo, sino una absoluta burla. Aquella que pone fin a Puigdemont, que pasará a la historia como una de las personas más negligentes y odiados por todos puesto que ha demostrado ser capaz de enfurecer a sus detractores y decepcionar a sus seguidores.

Antonio Capilla Vega, Secretario de Comunicación de Ciudadanos de Mallorca.

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Publicado en Opinión.
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