Pasando por Capilla: (Casi) Todos en la lucha contra el terrorismo

Autor: Antonio Capilla Vega

Era finales de 1980 y la banda terrorista ETA se cobraba su víctima número 93. La década que le seguía iba a ser la más activa para esta, con atentados repartidos por toda la geografía española y contra todo tipo de personas. El número de pistoleros y colaboradores de la banda siempre fue difícil de calcular, pero se cree que solía rondar las 500 personas. Un número no muy elevado y que con dificultad puede poner a un país contra las cuerdas. Sin embargo, quizás el problema no estaba en este medio millar. Elección tras elección, Batasuna, o cualquiera que fueran las siglas bajo las que el radicalismo abertzale se presentaba obtenía una media de 200.000 votos. Estos, que no disparaban a la nuca ni ponían bombas lapa, eran los que servían de cantera y de justificación a los “milis”; entre ellos circulaban consignas como “actúan ante la represión del Estado” o “son una parte más del conflicto vasco”. Junto a los votantes batasunos había también un buen porcentaje de ciudadanos dispuestos a condenar las acciones, pero siempre con la boca pequeña. Para la hemeroteca han quedado declaraciones como la del expresidente del PNV Xabier Arzalluz, el cual no veía en los chicos del cóctel molotov y la capucha más que a “unos chicos descarriados”.

Afortunadamente, parece que hoy día ETA forma parte del pasado, pero hemos pasado a enfrentarnos a un terrorismo de carácter mucho más global. Estambul, París, Niza y ahora Manchester integran una red de ciudades con un negro historial. Entre todas ellas acumulan varios centenares de víctimas, todas ellas inocentes y sin nada que ver en esta cruzada que el islam radical ha planteado a Occidente. Al igual que sucedió en el pasado con el fanatismo abertzale, aquí se pueden plantear niveles de responsabilidad como si se tratara de una cebolla; son pocos los miembros del Estado Islámico o Daesh, de Boko Haram o de Al Qaeda dispuestos a empuñar las armas y morir (y matar) por una causa; bastantes más son los que de algún modo justifican sus acciones con razones peregrinas, que van desde nuestra incapacidad de integrar a determinados colectivos a, como dijo el podemita Miguel Urbán, “inmolarse por no ver otra salida”; y son muchos más los que asumen dichas acciones con resignación, como si estas se hubieran vuelto un fenómeno cotidiano como la lluvia o el calor frente a lo que nada puede hacerse.

A ETA se le derrotó desde varios frentes: cuando comenzó la cooperación con Francia, y esta dejó de ser un refugio para los mismos; cuando se bloqueó su financiación, y con ello se les privó de la compra de armamento; pero sobretodo con la movilización de la sociedad. Los partidos constitucionalistas, junto con otros colectivos y asociaciones, tuvieron que hacer frente por su cuenta a esta lacra.

Desgraciadamente, no se pudo contar con todos. La firma del llamado “Pacto de Estella” demostró que otras fuerzas planteaban otro modo de resolución del problema basada en cataplasmas calientes.

Hoy en día, muchos de los puntos planteados para luchar contra el islamismo radical podrían repetirse. Para combatir un fenómeno que ya tiene dimensión planetaria habrá que aumentar la cooperación con todos los países afectados, incluyendo aquellos de donde proceden los radicales. También habrá que frenar la financiación de los mismos, lo cual al menos ayudará a evitar atentados a gran escala con uso de explosivos. Pero sobretodo se acabará con la movilización de la sociedad. No hay que resignarse ante esto, y hay que utilizar cuantos medios sean necesarios para acabar con ellos. De nuevo en esta lucha no estaremos todos, pero visto que algunas formaciones y colectivos se esfuerzan más en buscar justificaciones a estas acciones que en detenerlas, será mejor excluirlas de cualquier acuerdo. Como en su día dijo Mikel Buesa, activista hermano del asesinado Fernando Buesa, “Sólo cuando los que justifican, participan o ayudan a las organizaciones terroristas, los que comparten su ideología totalitaria o se aprovechan de su violencia, se vean apartados de la sociedad, sólo entonces se habrá alcanzado la justicia”

 

Publicado en Opinión.
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