Pasando por Capilla: Sobre el 155 y la reforma en Educación

En esa larga lista de hispanistas británicos que cuenta con nombres tan ilustres como el de Raymond Carr, Hugh Thomas o Paul Preston habría que añadir con mayúsculas al galardonado con el premio Príncipe de Asturias John H. Elliot, profesor de la universidad de Oxford e historiador de reconocido prestigio que en un tono directo y sin ambages calificó como un “auténtico desastre” la educación en Cataluña. Su conclusión fue fruto de un estudio de la misma, que como guinda tuvo una conversación con un alumno de enseñanza media de un instituto de esa autonomía que aseguró que la guerra civil española había sido un conflicto que básicamente enfrentó a Cataluña con el resto de España.




El análisis del académico incide de lleno en una situación cuyos efectos podemos apreciar hoy día. Y es que alude a algo que resulta tan evidente para nosotros que quizás por ello nos hemos habituado, el de la manipulación histórica y el uso del victimismo. Desde los años 80, allí cuando la competencia en educación pasa a ser asumida por el gobierno de la Generalitat, esta pasa a tener un marcado tinte nacionalista y procede a la falsificación de la historia sin el más mínimo pudor. Es en ese momento cuando, desde el punto de vista del hispanista Elliot, comienzan a sembrarse los vientos de las tempestades que hoy padecemos; desde entonces, son ya varias las generaciones que se han educado bajo el lema de que España siempre ha expoliado a Cataluña, que han crecido con el agravio como forma de ser e incluso el de ver a los Puyol como pequeños “reyezuelos” que creían eran tan importantes como para tener la legitimidad de actuar y vivir por encima de la ley.

El problema de Cataluña se resolverá, como se hace con las enfermedades graves, con un cóctel que incluye medidas a corto y largo plazo. La situación de descontrol, corrupción e ignorancia de la legalidad que reina hoy día sólo se podía solucionar con la aplicación del ya popular artículo 155 de la Constitución así como con la convocatoria de elecciones. También deberían tomarse medidas casi de forma inmediata para hacer de TV3 un medio plural y en que todos gocen de representatividad, y no como ocurre en la actualidad donde se ha convertido en la voz oficial del nacionalismo, así como la acertada medida de desmontar la red de diplomacia paralela creada para dar puestos generosamente remunerados a todos los acólitos de la causa, desde la hermana de Pep Guardiola a familiares de dirigentes de los escombros de CIU o ERC.

El problema estará con el largo plazo en una parcela tan complicada como la de la educación. Decimos complicada porque históricamente este ha sido uno de los tradicionales campos de batalla para las dos grandes fuerzas de nuestro país, que han cambiado la ley de educación cada vez que se producía un cambio de ministro y ya no digamos de fuerza en el gobierno. Siendo además esta una competencia transferida la situación se antoja especialmente enmarañada.

Es el momento de trabajar y buscar consenso. El panorama actual no es tan sólo responsabilidad del nacionalismo, sino también de PP y PSOE que miraron hacia otro lado mientras se daba esta situación. Es tiempo de emprender una reforma estructural, cuanto antes mejor, que haga que los niños en Cataluña dejen de estudiar en escuelas asentadas en barracones y decoradas con esteladas, donde se les dé una visión objetiva de la historia, donde se les eduque y no se les adoctrine. Es momento de garantizar que a los niños se les enseñe a pensar, y no a qué pensar.

Autor: Antonio Capilla Vega, Secretario de Comunicación de Ciudadanos en Mallorca

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Publicado en Opinión.
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