Mos Movem: «Las islas Baleares no son catalanas»



Vaya por delante nuestro aprecio por Cataluña, con su gente, geografía, historia, cultura, costumbres, gastronomía y también su lengua. Es evidente que Cataluña es la región de España cuya proximidad ha favorecido una relación de las más intensas con las islas Baleares a lo largo de la historia. Pero eso NO hace que las islas Baleares sean catalanas. Ni ahora, ni nunca antes lo fueron.





Tampoco el catalán ha sido nunca nuestra lengua, aunque sí es una lengua hermana como lo son el gallego y el portugués. Nuestra lengua es la balear, con la peculiaridad de que en cada isla hablamos una modalidad diferente (mallorquín, menorquín, ibicenco, formenterense), reconocida por el Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares (Art. 35).

En 1983, una decisión política nos impuso al catalán como lengua propia. Para que todo el mundo lo entienda, fue una decisión arbitraria, con una inmensa carga de intencionalidad, para facilitar la inmersión de nuestra identidad y cultura en el nuevo movimiento que comenzaba a instaurar una minoría selecta de políticos catalanes. Ese nuevo movimiento pretendía conseguir la independencia de Cataluña bajo el amparo de la Constitución Española aprovechando que, como hemos comprobado hasta la saciedad, también es garante de los derechos y libertades de aquellos que buscan violentarla.

La maquinaria de recambio de nuestra lengua ha trabajado sin tregua. Quisieron hacernos creer que hablar y escribir el catalán estándar era elegante y culto; y que hablar el menorquín, mallorquín, ibicenco y formenterense era vulgar y descuidado. Ocultan que la primera documentación en lengua balear, incluso su primera gramática, es más antigua que la del catalán y que nuestra lengua se usó desde mucho antes, junto con el castellano o español.

Pero, para los intransigentes que buscan el sometimiento a sus ideas, todo vale. Las islas son extremadamente apetecibles por su geografía, su economía —fuertemente ligada a su potencial turístico y a la vez diversa—, su riqueza artística y cultural. Y mientras una clase política muy definida prepara el terreno para ampliar el territorio de sus delirantes países catalanes, se crea una burbuja de chiringuitos cada vez más grande para beneficiar política y económicamente a los de su clase, es decir a los que apoyan y sirven, con intención o sin ella, sus objetivos.

El plan fue casi perfecto; pero las Baleares no han sido, ni son ni quieren ser catalanas. No queremos el catalán, lengua que no nos pertenece, impuesto en la escuela ni en la administración. Durante siglos fuimos auténtica y felizmente bilingües en lengua balear y español; y en cambio, ahora la Administración lo impide incumpliendo los Art. 4.3 y 14.3 del Estatuto, del que debería ser garante. Además, en una sociedad en que la libertad es el primer principio que consagra nuestra Constitución de 1978, son los padres, y no los políticos, quienes deben elegir la lengua vehicular para la educación de sus hijos.
Estamos hartos de que se deforme nuestra historia y nuestras costumbres y de que nos impongan otras patrocinadas por Cataluña. Nuestros niños y jóvenes tienen derecho a una educación sin adoctrinamiento ideológico de odio a España que, ¡Vaya si lo hay!, por mucho que la ministra Celaá y la presidenta Armengol nieguen la evidencia. Queremos que nuestros hijos y nietos vayan por el mundo orgullosos de su pasado y de su presente, balear y español.

Los baleares también merecemos tener servicios de igual calidad que en el mejor lugar de España y por tanto queremos recibir y fidelizar a buenos profesionales, sean de Asturias, de Lérida, de Zamora o de Almería; incluso extranjeros. Como buenos isleños, siempre hemos sido hospitalarios. Las islas Baleares deben ser un lugar atractivo para vivir, no sólo para los que hemos nacido aquí sino también para todos los españoles que quieran encontrar entre nosotros una oportunidad laboral o personal. Queremos poder hacer nuevos amigos sin el riesgo de perderlos…sólo por una decisión arbitraria que la sociedad debería revocar.

PLATAFORMA MOS MOVEM, EN MARCHA, LET´S GO

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Publicado en Opinión.
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Un comentario

  1. En realidad Baleares sí formó parte de Cataluña.
    En 1365, Pedro IV de Aragón, años después de haber invadido el Reino de Mallorca y haber matado a su rey legítimo, Jaume III de Mallorca. Decretó que Baleares formase parte de Cataluña (Privilegio de Sant Feliu de Guixols), esta situación duró unos 70 años.
    Fue una época oscura de miseria y de hambre. El Reino de Mallorca pasó de ser un territorio próspero, cuna de intelectuales como Ramón Llull o exploradores y aventureros como Jacme Desvalers, con una escuela cartográfica reconocida en toda europa y con una población en aumento, a convertirse, después de la invasión y reintegro en la Corona de Aragón, y más tarde en Cataluña, en un territorio arruinado donde imperaba la miseria, el hambre.
    Pasó de ser un territorio de acogida a ser un tierra de la que huir.

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