Mos movem habla sobre el adoctrinamiento catalanista de la Administración balear



Adoctrinar es inculcar a alguien determinadas ideas o creencias, justo lo que se ha propuesto la Administración balear con sus ciudadanos y el catalanismo desde hace décadas y no solamente en la escuela. Vaya por delante que la mayoría de los baleares tenemos aprecio por lo catalán y los catalanes, como lo tenemos a todo lo de cualquier otra región española. Pero, el afán de la Administración balear por inculcar su particular catalanismo va mucho más allá del lógico aprecio natural por otra comunidad autónoma, tanto como para querer hacernos creer que las islas fueron y deben volver a ser catalanas. Eso en lenguaje llano tiene como objetivo, primero desligar a las islas de España para después englobarlas en la entelequia de una república catalana o de países catalanes. Una entelequia que, como tal, es un desvarío de algunos que necesitan pantallas para tapar sus tropelías ligadas a su incompetencia, abuso de poder y nepotismo.





Lo cierto es que el mantenimiento de la parafernalia necesaria para el adoctrinamiento requiere de cantidades abundantes de nuestro dinero, que la Administración desembolsa con generosidad mientras descuida lo que de verdad importa a los ciudadanos (trabajo, seguridad, enseñanza y servicios sanitarios de nivel, infraestructuras del siglo XXI, etc…). Dejando aparte hoy el tema económico, interesa señalar el método insidioso y etéreo utilizado en pro de su obsesión por convencernos de que nunca fuimos otra cosa que un apéndice de otra comunidad autónoma o región española. Ocurre con la lengua y ocurre también con nuestra historia y costumbres.

Los ejemplos se cuentan por cientos y, aunque aparentemente menores, no son por eso despreciables ya que juntos persiguen el mismo objetivo estratégico. Vamos a describir algunos. 1) Desde hace 20 años, en Mallorca primero y en las Pitiusas después, se establecieron las fiestas de castellers, una tradición popular muy catalana, pero nada balear. 2) El Consell de Formentera y su campaña “Històries del català”, trata de concienciar de que el catalán estándar significa cohesión social, dando a entender que la riqueza que supone la diversidad lingüística propia de las islas es sinónimo de desunión. ¡Tantos siglos viviendo juntos y sin saber que nos llevábamos mal! 3) El 17 de enero, fiesta de San Antonio, santo patrón de Menorca y aniversario del desembarco de las tropas cristianas del rey Alfonso III de Aragón en 1287, el Consell de Menorca conmemora la incorporación de la isla a la corona catalanoaragonesa —que nunca existió— y compara la celebración con otras fiestas a lo largo de los que ellos llaman países catalanes. 4) De hecho, en la cena de este año organizada por “Es Diari” con motivo de esta fiesta, el conseller Marc Pons no dudó en decir que los baleares habíamos sido (en el sentido de pertenencia) cartagineses, romanos, árabes, castellanos y ¡cómo no! catalanes. Así de simple, un conseller adoctrinando en un discurso. ¿Será que él mismo se lo cree? Este es el nivel.

Seguimos… 5) El ayuntamiento de Sa Pobla impulsa las manifestaciones culturales autóctonas e históricas que nos unen al resto de países catalanes y 6) el ayuntamiento de Mahón lo practica tal cual, como en la publicidad de las fiestas de la Virgen de Gracia 2018, con la eliminación de la connotación religiosa intrínsecamente unida a nuestra celebración, para dejarlo en “Festes de Gràcia”, por aquello de equipararla a las de Barcelona. 7) El ayuntamiento de Vila, capital de la tercera isla balear, promueve el voluntariado lingüístico para aumentar el uso social del catalán, pero a la vez, de forma esquizofrénica, anima a que continúen vivas las palabras “muy ibicencas” y su significado.

Esto parece no tener fin. Para infiltrar el mal entendido catalanismo, nuestra Administración no descuida ninguna oportunidad, aún a costa de degradar y falsear nuestra lengua, historia y costumbres. Ejemplos mayores se quedan para otro día. Los disparates de los que nos gobiernan los pagamos espléndidamente con nuestro dinero en forma de impuestos y lo tendremos en cuenta en las próximas elecciones. La hispanofobia rezuma por todos lados. Por suerte, la mayoría silenciosa ha decidido hablar y la ola de malestar e inconformismo sigue creciendo.

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Publicado en Local.
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