La manipulación del mensaje: lengua vs nacionalismo



El viernes 16 de agosto, el servicio de asesoramiento lingüístico (SAL) del Consell de Menorca expresó en Facebook su rechazo por el contenido de nuestra carta publicada el día anterior en “Es Diari”. En nuestra carta explicamos cómo la imposición del catalán viene siendo la piedra angular del proyecto nacionalista para las islas. Para ello usamos un símil, el del cáncer, una enfermedad usada frecuentemente como metáfora por su especial manera de deteriorar la salud y que todo el mundo entiende. Tomando el símil al pie de la letra, como si de inexpertos lectores se tratara —por no decir otra cosa—, el SAL consideró que su uso en nuestra carta era un agravio hacia la lengua catalana y poco menos que un insulto o falta de empatía hacia las personas que sufren o han sufrido esa enfermedad. El día 25 de agosto, Joan Pons (sección Pedraules, Es Diari) elaboraba en la misma línea, abusando de la paráfrasis en tono de burla y con mentiras, algo así como pretender gritar más alto, astucias típicas de los que carecen de argumentos.





No, no permitiremos que se distorsione nuestro mensaje. NUNCA hemos insultado a la lengua catalana y eso lo saben muy bien todos estos señores (masculino genérico). Respetamos tanto a los catalanes como a su lengua, que comparte tronco común con la nuestra, en sus distintas modalidades insulares. Y mucho menos, faltaría más, carecemos de empatía con los afectados por el cáncer.

Ocurre, sin embargo, que causa reparo (¿Vergüenza?) que, de una manera tan diáfana como simple y evidente, saquemos a relucir la trastienda de ese proyecto político que diligentemente trabaja por la “catalanización” de las islas. Por tanto, no sorprenden las expresiones de rechazo a nuestra carta que sólo tratan de distraer o, como se dice habitualmente, “levantar una cortina de humo” que enmarañe la realidad.

Cuando la promoción del catalán avanza en paralelo con el adoctrinamiento catalanista en los libros de la escuela y en las páginas de Internet dependientes de la Administración y sus “agentes” subvencionados, cuando la Administración permite las mentiras sobre nuestra historia o manipula nuestras costumbres y tradiciones para asimilarnos artificialmente a Cataluña, cuando la Administración usa el catalán para segregar a los profesionales, entre muchas otras cosas, ¡Qué menos puede hacer que distraer a sus seguidores y a su audiencia!

Si las lenguas fueran solamente herramientas de comunicación, se respetaría el bilingüismo que siempre existió, dando opción a cada cual de usar la lengua que quiera, incluidos los topónimos, sin ser por ello señalado o ver restringidas sus posibilidades; las lenguas no serían una traba para el desarrollo profesional de todos sino poderosas herramientas en favor de la convivencia y la cultura; no se tergiversaría la historia (por ejemplo, esa omnipresente y falsa “corona catalanoaragonesa”) ni se “catalanizarían” nombres populares (las fiestas de la Virgen de Gracia, por ejemplo). Pero, claro, eso no auparía el proyecto nacionalista, así que la Administración, retorciendo la Constitución y vulnerando los derechos de los hispanohablantes, IMPONE el catalán y lo catalán para propagar el adoctrinamiento catalanista. Eso sí, mucho hablar de democracia y de libertad. Que
alguien se pare a pensar si el interés está en la lengua misma o en la extensión de los tentáculos del nacionalismo o la hispanofobia, que viene a ser parecido.

Nosotros no sólo no denostamos una lengua regional, sino que tal como la Constitución Española (Preámbulo, Art. 3.2, 3.3, 20.3, 148.17), respetamos los derechos lingüísticos de todos. No pueden decir lo mismo aquellos que promueven la imposición a ultranza del catalán (no la lengua balear), cuya inclusión en el Estatuto de Autonomía se hurtó al voto popular y que la mayoría de los baleares no reconocemos como nuestra; los mismos que consideran al menorquín, mallorquín, ibicenco y formenterense como una lengua de segunda clase, y que desprecian a los que deciden usarlas libremente junto con el español, según sus preferencias.

Lo repetimos sin tapujos: el catalán es el instrumento en manos de la Administración para apuntalar el nacionalismo en las islas (y para mayor humillación, el catalanismo). Varios partidos políticos han sido cómplices de la situación a la que hemos llegado. En el camino han ganado el apoyo de muchos acólitos a cambio de buenas colocaciones en una pila de chiringuitos. No se trata de lengua, señores, lo suyo va de nacionalismo, de engrosar el “poble” catalán y de diferenciarnos de España, como si no fuéramos una parte consustancial de ella. Hasta ahí llegan los complejos y la falta de autoestima de nuestra clase dirigente.

Plataforma Mos Movem, en Marcha, Let´s go

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Publicado en Opinión.
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