Diario de un confinamiento: La mejor Sanidad del mundo



Analizaba en un artículo anterior la inoperancia de nuestros dirigentes políticos en esta emergencia sanitaria. Como las noticias se actualizan a ritmo de vértigo sólo agregaré que en este momento los muertos por coronavirus en España superan a los de China y que la proporción de sanitarios infectados es de récord en nuestro país.





La compra de 640.000 test de diagnóstico rápido, que se pregonaba como el primer paso para detectar a los infectados para poder aislarlos y tratarlos, ha sido fallida del todo. Sobre este asunto, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en rueda de prensa del 21 de marzo, decía: “Ya se ha materializado la compra y la puesta en marcha de los test rápidos, algo muy importante, los test rápidos. Se trata de test fiables, homologados, y esto es muy importante, la homologación. Es muy importante porque deben contar con todas las garantías sanitarias”

Aquí, de nuevo, las promesas de Sánchez terminaron en mentiras al saberse que 9.000 de esos test no eran seguros. Bueno no, dijeron después que eran 50.000. Al final, han decidido devolver toda la partida de los 640.000 test comprados a un proveedor que garantizaba su fiabilidad, vaya timo. La embajada de China envió un Tweet avisando de cuales eran las empresas chinas que fabricaban esos test y la que vendió las pruebas piratas no estaba en su lista de recomendaciones. Todo una comedia de enredos que no tiene ninguna gracia porque se ha perdido un tiempo muy valioso en el control de la epidemia en España. Cinco días después se anunciaba la devolución y Fernando Simón anunciaba que “se van a utilizar otro tipo de test rápidos que nos van a proveer”. Hasta el 30 de marzo hemos tenido que esperar para recibir un millón de test rápidos, un retraso de 9 días, fatal e inexcusable.

Además, ante la inacción o torpeza del gobierno central, las comunidades autónomas han tenido que salir al mercado a conseguir los insumos sanitarios por su cuenta encontrándose en una competencia entre ellas por adquirir el preciado material que empieza a escasear. Centralizar la acción frente a la crisis sanitaria parecía lo lógico pero al final el fracaso de la política sanitaria del gobierno resulta clamoroso y las autonomías se sienten abandonadas a su suerte.

Y mientras tanto, día tras día escuchamos que ya casi estamos en el pico de la curva. ¡Qué nos importa eso cuando en la calle la gente se enferma gravemente y muere, muchas veces sin la atención adecuada! Son más de 800 personas al día, es una barbaridad.

Con un Presidente falaz, un Vicepresidente que se salta por cuarta vez la cuarentena, un Ministro de Sanidad que no es sanitario y un coordinador de Emergencias de Alertas Sanitarias incapaz de adelantarse al previsible curso de la pandemia, nuestra política sanitaria va dando más tumbos que un borracho quintuplicando la tasa de alcoholemia y conduciendo.

Esto contrasta con la política sanitaria de otros países en que la mortalidad es menor y el control de la epidemia es más eficiente. En Alemania, por ejemplo, la estrategia contra la epidemia no la dirigen los políticos sino el presidente del Instituto Robert Koch (prestigioso sin duda), Robert Wieler, y el Director del Instituto de Virología del hospital la Charité de Berlin (pionero en Europa), Christian Drosten.

Así, los resultados están siendo mejores allí pero ellos no mienten ni ocultan datos. Ni siquiera son optimistas: han afirmado, sin rubor, que la primavera no debilita el virus, que la cloroquina será ineficaz y que los virus mutan siempre. Estiman que la epidemia acabará cuando dos de cada tres personas se inmunicen. Vaya, por fin un chapuzón de realidad.

Cuando escriba estas líneas los sanitarios contagiados de COVID-19 ya serán más de 12.000, un 14% de todos los contagios, récord Guiness mundial español en desaprensión hacia los “soldados” de esta batalla biológica ¡Bravo! Primer premio al peor trabajo realizado en una sanidad que se tenía por modélica. Y si no fuera por la entrega y dedicación de todos sus trabajadores aún estaríamos peor.

Pero aún en medio del desastre, la sociedad responde con valentía ante el reto planteado: vemos a los sanitarios trabajando con material a veces muy improvisado: bolsas de basura como batas y otras protecciones no homologadas (EPI); al personal de limpieza redoblando esfuerzos para desinfectarlo todo; a las fuerzas de seguridad y ejército manteniendo la cuarentena y la desinfección (UME); al pueblo en general colaborando con todo lo que está a su alcance, desde costureras haciendo mascarillas hasta profesionales y empresarios que han transformado su producción para hacer respiradores y sistemas de protección; a los voluntarios montando las instalaciones en IFEMA que han hecho un hospital de la nada en 72 horas aunque luego faltara material para dotar a los sanitarios (lo bueno y lo malo de las prisas); y, finalmente, a todos los españoles aceptando su destino de confinamiento prolongado y su pérdida de ingresos por el trabajo perdido.

En definitiva, la mejor sanidad de España está en su gente solidaria

Jorge Skibinsky

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Publicado en Opinión.
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