Cartas desde el abismo: Mientras se habla de golpistas, Cataluña pierde peso



Desde que Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno de España, la situación de Cataluña ni de largo ha mejorado, todo lo contrario, porque el esperpento continúa en aumento en esta región española que lleva ya más de un año perdido por el desgobierno de la Generalidad separatista que encabeza el golpista y prófugo Puigdemont, ya que Quim Torra es un títere más del ‘procés’.





Por ello también, la situación política, social y económica de Cataluña es mala ante la dejadez de funciones y la obsesión secesionista del gobierno de la comunidad, que prefiere seguir destinando muchos millones de euros a unas falsas embajadas y otros despilfarros públicos de una República que no existe, acompañándolos de un discurso en favor de los golpistas presos, en lugar de dedicar más fondos a Sanidad, Seguridad y Educación. Provocando esto que la realidad paralela coja más fuerza que los problemas reales de los ciudadanos, algo que nunca debería haber pasado, porque Cataluña ha quedado frenada en todos los sentidos, en comparación a otras regiones españolas.

No es de extrañar por estas razones de peso, que los políticos independentistas busquen desviar la atención del turbio contexto con todos los tejemanejes posibles. Sin embargo, es inevitable que estamos viviendo tiempos históricos y con escenas sin precedentes como que unos políticos encarcelados por unos delitos muy graves hallan sin éxito intentado ser diputados en el Congreso de los Diputados, yendo a jurar por el mandato del referéndum ilegal del 1-O de 2017, que posteriormente llevó a una declaración unilateral de independencia, trasladándose la locura a Madrid.
¿Acaso cualquier delincuente en prisión preventiva puede ser político? Menos mal que se ha tirado para atrás este frenesí inexplicable, aunque lamentablemente no se han podido evitar imágenes de complicidad de algunos diputados con los golpistas que van sin la menor a la hemeroteca de la historia de España.

En estos momentos, se necesita más que nunca cordura, esperanza y realismo, no más imprudencia y división, porque Cataluña ni el resto de España se merecen perder más tiempo, porque cuanto más pase, será peor para todos, hay que arreglar los problemas y esto no es una exageración, es llamar las cosas por su nombre, al pan, pan y al vino, vino.

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Publicado en Opinión.
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