Aquí hay cera para todos: «Una clase política con escasa inteligencia nos conduce a todos juntos a la miseria»



Autor: Luis Bosch

Desde el propio «Aló presidente», sin olvidar al «Marqués de Galapagar» o a «Santa Ayuso» nadie está libre de pecado, y tampoco son los primeros, aunque ojalá fueran los últimos, que buscan enfrentar a los españoles entre sí. Algunos predican la unidad y al mismo tiempo alientan a sus hordas de fanáticos contra el enemigo, al cual no hay mejor terapia, para uno mismo, que hostigar sin rubor y siempre con el mayor de los desprecios en las redes sociales.





Algunos afirman que «la clase política es un reflejo de la sociedad», pues perdonen que diga, que eso habla muy mal de todos nosotros sin excepción. Ni siquiera una pandemia ha podido apaciguar las ganas de revancha de unos y las ansías de poder de los otros, seguimos igual que hace un Siglo, a la greña entre la derecha y la izquierda, discutiendo sobre la patria, el régimen o cualquier otra cuestión que ataque al corazón del ciudadano, enarbolando banderas de la justicia, ya sea de clase, del feminismo o cualquier otra antorcha que nos separe, disgregue y enfrente entre hermanos. Ni 40 mil muertos pueden calmar y templar los ánimos y mientras tanto, familias hacen largas colas para que les donen alimentos. Somos tan cafres, que nuestros propios ministros hacen declaraciones afirmando que nuestro principal motor económico es «precario y sin valor añadido» y no es cesado de inmediato.

Nada nos puede sorprender, ni lo de Ayuso, ni que ahora se quejen del «jarabe democrático» cuando han sido los precursores de ese tipo de deleznables andanzas, y es que nadie se puede quejar de que la gente aplique lo que uno mismo ha enseñado, vitoreado y jaleado. Aquí no vendrá un salvador de la patria para resolver todos nuestros problemas, ni podrán ganar una guerra que hace 80 años que acabó, pero lo cierto, es que la que se nos viene encima puede ser de órdago y muy señor mío ¿Sabéis lo que viene tras una guerra, no es así como hablan los políticos de la pandemia? Vienen tiempos de miseria y de hambre, eso de «apretarse el cinturón» nos va a venir de perlas a los españoles.

Los españoles deberíamos reclamar que se nos hable con franqueza y se nos diga la verdad de la situación, por mucho que nos duela, pero nos siguen mintiendo. Así nunca aprenderemos, seguiremos enzarzados los unos con los otros, y quizás, cuando venga el fútbol, a todos se nos olvide nuestra propia miseria. Eso confían nuestros políticos, los cuales no han dejado de cobrar un solo día durante el Estado de Alarma, creerme cuando os digo que la «teta institucional» es muy golosa, cuando uno la prueba nunca quiere dejar de mamar de ella. Y eso bien podría pasar si nos dicen la verdad, dejando al descubierto la desastrosa gestión y su total desconocimiento de lo que nos depara el futuro más cercano.

Los españoles nos estamos dejando llevar por los impulsos más viscerales, algo que nos impide ver la realidad con claridad y algo de culpa de eso tienen los medios de comunicación, siendo más precisos, los propios periodistas, los cuales podría parecer que tiene ansia por hacer méritos para apoyar a una u otra parte, no creo que haya nadie que dude de que un periodista es de derechas o izquierdas, todos lo dejan en evidencia día tras día, palabras tras palabra. Incluso podría parecer que están donde están, justamente por eso.

Nadie parece dispuesto para hacer la mínima autocrítica, aunque deberíamos hacerlo cada uno de nosotros, quizás, así, podríamos zanjar de una vez por todas el conflicto eterno entre las dos Españas, un mal endémico que nos persigue generación tras generación y que no tiene visos de solucionarse, algo que nos lleva debilitando a todos ya hace demasiado tiempo, dejando a nuestro país a la cola y clamando un poco de limosna europea que nos ayude a capear el temporal que se nos avecina.

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Publicado en Editorial.
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