Tiro con honda: El blanqueamiento de la figura de Marx


El pasado sábado 5 de mayo se celebraron los 200 años del nacimiento de Karl Marx y aquellos que tenemos un pensamiento más o menos liberal, en lo político y en lo económico, tuvimos que soportar las tuits y mensajes públicos de celebración del sector izquierdista, que loaba el nacimiento de este individuo.




La verdad es que no entendemos qué había que celebrar: Karl Marx fue un burgués que nunca trabajó, rechazó trabajos que le ofrecieron, vivía gracias al dinero que recibía de sus amistades, tenía criada en su vivienda y permitió que hijos suyos murieran por enfermedades derivadas del hambre que padecieron. Y aún así se atrevió a teorizar sobre algo que nunca jamás realizó: trabajar. Ojo, es loable que alguien escriba lo que le venga en gana y que tenga sus lectores y seguidores, pero el problema viene cuando las teorías político-económicas incluyen conceptos totalitarios (“dictadura del proletariado”) que se aplican a la vida real. La aplicación de las teorías de Marx han supuesto la muerte de 100 millones de personas. Sí, 100 millones. Se dice rápido, se dice fácilmente, pero son 100 millones. La URSS, Stalin y las hambrunas de Ucrania o los movimientos poblacionales, los gulags, la China de Mao y las hambrunas, la Camboya de Pol Pot y sus 4 millones de cadáveres, Corea del Norte con todos los “kimes” rechonchos mientras el pueblo languidece de hambre, el telón de acero, Ceaucescu y los rumanos muertos de hambre mientras su mujer usaba zapatos una vez y los tiraba, etc. Todo esto más aquello que no detallo por falta de espacio es resultado de aplicar a la práctica las teorías de Karl Marx y su socialismo/comunismo. Todo. Ideas que necesitaron ser defendidas, como dijo Díaz-Villanueva, con un muro, alambradas y torretas con ametralladoras desde el Báltico al mediterráneo. Un muro, no para que a los occidentales se nos ocurriera entrar en el paraíso socialista fetén, sino para que sus súbditos no pudieran escapar del horror del totalitarismo, el hambre y la miseria.

Y esto es lo que tenemos que echar en cara a aquellos que todavía cantan “La Internacional” puño en alto: sus ideas han traído guerras, hambre, miseria, represión y muertes. Y hay que decirlo alto y claro, sin tapujos y sin pelos en la lengua. Por tanto, la figura de Marx merece que, cada 5 de mayo, pongamos un crespón negro en la ropa, en los perfiles de redes sociales o donde nos apetezca, y que, en público, no tengamos miedo de denunciar las liberticidas ideas de un burgués rematadamente vago. Que los echen de este mundo.

Autor: Tomás Ribot, presentador del programa “En Clau Balear” de Canal 4 Radio

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Publicado en Opinión.
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