Política incorrecta: No fue violencia de género

Lamentablemente, Diana Quer apareció muerta a manos de José Enrique Buín, un desconocido para ella que, en una noche cualquiera, eligió a su víctima al azar, como un cazador elige a su presa, la más asequible, la más fácil.

El execrable suceso merece la más enérgica condena pero aún siendo un asesinato de un hombre contra una mujer no será juzgado por violencia de género, y hasta podría dudarse de que sea un crimen machista. Lo seguro es que fue un suceso espantoso, de esos que dejan en la sociedad una fuerte impresión, y que condenamos todos.

Pero, insisto, no es violencia de género porque, según la ley 1/2004 de “Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”, este asesinato no se produce “como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres”. Tampoco concurren las condiciones de que “hayan sido cónyuges” o “estén o hayan estado ligados por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia”. Considero que tampoco debería considerarse un crimen machista porque, por definición, machismo es la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” y el asesino es un depredador. No considera a las mujeres inferiores sólo por serlo, sino que somete a su voluntad sólo a la que elige como víctima, y la asesina para que no dejar cabos sueltos.

Se sigue haciendo un mal diagnóstico de la situación y, por ello, la aplicación de soluciones incorrectas resulta ineficaz. Y lo más doloroso es que, de seguir así, todo seguirá igual.

Diana Quer tenía apenas 18 años cuando murió y todos podemos recordar lo inocentes y vulnerables que nos sentíamos a esa edad pero también pecábamos de un enorme grado de inconciencia que nos hacía sentirnos ilusoriamente poderosos; una prepotencia que, por propia ignorancia del peligro, nos exponía abiertamente a múltiples riegos. No la culpo de haber sido joven, tampoco de haber regresado sola caminando 1 kilómetro hasta su casa a las tres de la madrugada. Tampoco tuvo suerte al cruzarse en el camino de un psicópata que sólo pensó en satisfacer sus necesidades, sexuales o las que sean, sin un mínimo de empatía por la otra persona a quien considera un objeto digno de ser utilizado para sus oscuros fines. Y aún es menos culpable de que sus padres tuvieran un divorcio conflictivo, que seguramente le afectaba, circunstancia que se reveló a la prensa, en los días posteriores a su desaparición, con las declaraciones ambiguamente acusatorias entre los padres y el cambio de custodia de la otra hija menor de edad, quitada a la madre y otorgada al padre. Una serie de circunstancias que sumadas confluyeron en la desgraciada muerte de Diana. Sin embargo, sí hay una responsabilidad en lo sucedido que debe repartirse entre todos los protagonistas.

En primer lugar, Diana no debió jamás volver sola aquella noche. Hablaba de esto con una compañera de trabajo que me contó, al hilo de la conversación, una anécdota personal que ilustra muy bien este caso. Ella solía salir de marcha con un grupo de amigas. Se divertía como cualquier joven bailando, bebiendo y riéndose de lo más nimio, pero un día se despistó. El grupo de chicas con las que iba entró en una discoteca y ella, hablando con un chico en la entrada, las perdió de vista. Recuerda con angustia que aquel joven no parecía entender que ella no estaba interesada en seguir adelante; no es no, pero aquel individuo no lo entendió así. Al sentirse sola frente a una persona que la superaba físicamente, echó a correr para escapar de la situación. Más de diez años después, aún recuerda el suceso y de cómo aquello le dio una nueva perspectiva y comprensión del enorme riesgo que corrió por su inexperiencia. Así, el primer problema a solucionar es como concienciar a los jóvenes de los riesgos que corren. No soy experto en educación, ni trabajador social, ni psicólogo ni filósofo, pero como médico puedo entender que por allí pasa parte de la solución. La concienciación de la juventud. A lo mejor, con ello, tal vez Diana estaría hoy con su familia.

Para continuar, la forma en que se resuelven los divorcios en España, y en casi todo el mundo, resulta de lo más conflictiva. La “Guerra de los Rose” instalada entre papá y mamá le pasa una factura carísima y con secuelas permanentes a los hijos menores y adolescentes. Las instituciones responsables (juzgados, legisladores) los profesionales involucrados (jueces, abogados, fiscales procuradores psicólogos y trabajadores sociales), las entidades y asociaciones de protección de menores y adolescentes (Instituto del menor, Ministerio de igualdad, Instituto de la mujer) no favorecen la resolución de conflictos mediante el asesoramiento, la mediación y la toma de conciencia de las consecuencias que tendrán sus actos. De hecho, lo empeoran todo. Así el divorcio, que a corto plazo sería una crisis más que habría terminado como mucho en unos meses, se eterniza en largos procesos judiciales con múltiples acusaciones, instancias, comparecencias y retrasos; interminables jornadas de intento de diálogo con abogados, psicólogos y mediadores familiares; judicialización de los menores con sus declaraciones y peritajes psicológicos; determinación de la custodia parental con su consecuente asignación del domicilio familiar y las pensiones; y una guerra de intereses, más bien económicos y de poder, que dejará la vida afectiva de todos los integrantes de la familia por los suelos. Tampoco soy experto en temas judiciales pero es de Perogrullo que hay que crear juzgados específicos en temas de familia, que no sigan el tipo penal de culpables e inocentes y que no establezca, en estos temas, ganadores o perdedores. Al fin y al cabo, con el sistema actual todos pierden.

Y luego, el descontrol que se tiene sobre individuos peligrosos, claramente prevenibles desde la propia infancia, o el escaso seguimiento de los abusadores sexuales, acosadores escolares o laborales, hace que estos individuos campen a sus anchas cometiendo toda clase de tropelías. La impunidad les deja las manos y libres y sus delitos, con el tiempo, van de mal en peor. Desde hace años el estudio científico Dunedin, que hace un análisis y seguimiento de unas 1000 personas desde su nacimiento en 1974 hasta hoy, ha sido capaz de identificar precozmente a esta clase de individuos por sus conductas durante la vida infantil. Nadie se ha interesado por aplicar estos métodos de detección y seguimiento para educar en la prevención corrigiendo en la infancia y la adolescencia las actitudes de agresivas, violentas o de riesgo que marcarán la vida de los futuros delincuentes y sus potenciales víctimas.

Otro tema fundamental es el manejo interesado que los movimientos feministas más radicales hacen de estos casos mediáticos. El machaque constante sobre el aumento, real o no, de la violencia machista (los números se mantienen más o menos igual año tras año), la manipulación de las cifras de violencia contra las mujeres para que parezcan más de lo que son (habitualmente citan el número de denuncias que suelen ser más que las condenas), y la búsqueda del compromiso político en una especie de extorsión tipo mafiosa (las mujeres somos muchos votos) producen el efecto Goebbels en el que una mentira, dicha una y mil veces, se convierte en realidad. Presionado por este verdadero Lobby feminista, el Congreso aprobó, en septiembre de 2017, el pacto contra la violencia de género que aplicará unas 200 medidas y para las que se contará con una asignación económica de 1000 millones de euros, a dilapidar en 5 años. Ratificado por las autonomías en diciembre pasado, soy capaz de garantizar un desfalco de dinero público en acciones ineficaces, por ser más de lo mismo, que no han funcionado en 13 años desde la aprobación de la ley de violencia de género en 2004. Sólo a un necio o a un loco se le puede ocurrir gastar aún más para que todo siga igual. Pero que nadie se engañe, alguien se forrará con este dinero y está claro que las mejores candidatas son las propias asociaciones feministas que tanto luchan para acabar con la lacra de la violencia de género, que ellas mismas denuncian y agrandan como un enorme globo que les explotará, zás en toda la boca, tarde o temprano. Lo peor es que las verdaderas víctimas de la violencia doméstica apenas se beneficiarán de nada, sencillamente, porque cuando están en situación desvalida, precisamente, no se sienten apoyadas por las instituciones ni para dar el enorme paso de salir de su complicada situación.

Volviendo a la manipulación de las cifras, 2017 se cerró oficialmente con 48 mujeres muertas por violencia de género pero nos quieren hacer creer que fueron 56 si les sumamos los 8 niños muertos en esas circunstancias. ¿Pero cómo? ¿No era que la violencia de género se ejercía por los hombres sobre las mujeres en su condición de pareja o ex pareja? ¿A qué viene ahora incluir a los niños? ¿Es una maniobra para hinchar los números? Está claro que sí.
En este punto quiero aclarar algo muy importante. Aunque hubiera una sola persona (mujer, hombre, niño o anciano) muerta por esta u otra causa sería suficiente desgracia para actuar en su prevención, por una sola vida humana vale la pena todo el esfuerzo que se haga por protegerla.

Más cifras. Se estiman en más de 1 millón de denuncias las interpuestas por violencia de género aunque no terminarán todas en condena. Estas cifras parecen muy voluminosas pero el truco consiste en sumar todas las denuncias desde que se registran como violencia de género en 2003. Así también, para parecer más, suman todas las mujeres muertas por violencia desde 2003 y obtenemos un total de 920.

Pero para cifras mareantes sumemos los suicidios en el mismo período (2003-2016) y tendremos que se han quitado la vida nada menos que 47804 personas, de las cuales 11340 (31 %) son mujeres. Esto sí es una verdadera lacra y no se ha diseñado un solo plan, no se ha destinado ni un euro en su prevención, estudio y tratamiento. Para que se vea claramente el engaño, si sumamos las mujeres muertas por violencia de género y las muertas por suicidio, las primeras representan el 7,5 %, un porcentaje que aún sería menor si sumáramos a las mujeres muertas por accidente de tráfico, accidentes laborales y otras causas de muerte externa. Ahora se puede entender el enorme desfase entre lo que se gastará: 1000 millones para un porcentaje mínimo de los casos y cero euros para el resto.

Una aportación, no menos importante al tema de la violencia de género, es la que realizan los grupos LGTBI que, utilizados sin saberlo, promueven las acciones feministas de igualdad y empoderamiento de las cuales ellos, como colectivo, no se benefician para nada. El ejemplo típico es la propia ineficacia en la protección de las parejas homosexuales o lesbianas por la ley de violencia de género. Como expongo más arriba la ley protege sólo a las mujeres frente a la agresión de los hombres con quienes tengan o hayan tenido una relación afectiva. Nunca protegerá a una mujer maltratada o asesinada por su pareja mujer (ver el caso del barrio del Raval, Barcelona, en abril de 2017), y aún menos a un hombre en iguales condiciones. Por otro lado, según la ideología de género, el reconocimiento de la condición sexual de las personas es ahora un tema que pertenece a la elección personal de los individuos. No hay en esto mentira más grande pues no se puede elegir la preferencia sexual, se descubre, que es muy distinto.

Finalmente, El papel que ejerce la prensa en el manejo de la información sensible deja mucho que desear. A propósito quiero citar frases escuchadas en algún informativo televisivo, aunque los medios escritos y digitales no son mejores (por no mencionar las redes sociales a las cuales se les puede quitar toda credibilidad informativa).
“Diana Quer murió por ser mujer, por tener un cuerpo de mujer que un hombre quiso apropiarse y esta es la clave para considerar su muerte un caso de violencia machista”. Esta frase es literal pero se contradice en sí misma. Si el asesino quiso apropiarse del cuerpo de Diana Quer ejerció un acto de dominación sobre esta persona en particular no sobre todas las mujeres en general. Ustedes dirán, sí pero denigra a las mujeres por considerarlas objeto sexual. Es posible, pero aparentemente no lo ha hecho con su esposa, tampoco con su madre, a lo mejor no trata a todas las mujeres de forma denigrante, lo único que es evidente es que su percepción de la sexualidad está alterada o disociada, es un psicópata peligroso, asesino y condenable, pero no necesariamente es machista. En todo caso, es discutible.

Yolanda Besterio, de Mujeres Progresistas, afirma: “El ‘Chicle’ es un depredador sexual más y por lo tanto es un caso más de agresiones sexuales que se producen a las mujeres por el hecho de ser mujer”. Me encanta esta afirmación sin sentido. Veamos, un depredador sexual lo será del sexo con el que tenga afinidad. Se conoce poco pero hay mujeres depredadoras sexuales y sus víctimas suelen ser hombres menores de edad con los que se relaciona de una manera aparentemente inocente. Este tipo de mujeres distorsionan la realidad haciendo creer que el abuso es en realidad consensuado y manipulan emocionalmente a la víctima para que crea que su amor es verdadero. La mayoría de ellas son cuidadoras, maestras, niñeras o madres cuyos niños, las víctimas, están a su cuidado. Existe el llamado “Síndrome de la Señora Robinson”, denominado así por la película “El graduado”, en el que una mujer casada mantiene relaciones con el hijo de sus vecinos o un amigo de su propio hijo. El joven no se ve a sí mismo como una víctima sino como un privilegiado por tener el afecto de una mujer mayor. En Internet, el Grooming (así se conoce este fenómeno) podría ser ejercido por una mujer cada 4 o 5 hombres. Para ser la Presidenta de la Federación Mujeres Progresistas, la señora Besteiro es bastante retrógrada.

Amalia Fernandez, de Themis, dice: “Lo lógico sería crear una nueva ley donde se incluya la violencia sexual, la trata, a lo que venimos obligados por normativa europea”. ¿Como? ¿Una nueva ley? Esto deja implícito que la ley de violencia de género es ineficaz porque no protege a unos cuantos más, susceptibles de serlo. ¿Y ahora se dan cuenta? ¿Dónde estaba usted en 2004, señora presidenta de Themis, cuando los legisladores aprobaron semejante engendro? Seguro que aplaudiendo. No me venga ahora con esas ¿Y qué pasa con las personas que se han quedado fuera de la protección de la ley y que usted ni siquiera menciona? Los ancianos, los hombres o los niños maltratados o asesinados en el ámbito doméstico tampoco están cubiertos por la ley actual basada en el delito de autor, un tipo de legislación medieval desactualizada y desacorde con la democracia moderna ¿Por qué no mejor propone una ley contra la violencia en general y así los incluye a todos sin excepción? Sería mucho más justo y un acto de cordura del que usted parece carecer.

“Expertas y colectivos feministas insisten en que estos cambios ayudarían a pensar que en de muertes como la de Diana Quer no estamos ante sucesos desvinculados y puntuales”. Otra afirmación falsa y tendenciosa. La acción de este asesino es claramente una acción desvinculada y puntual. No puede vincularse a una conspiración machista ya que no hay una organización que dirija y coordine los asesinatos de mujeres por violencia sexual como parece ha sido este caso. Tampoco parece que este hombre en particular estuviese vinculado a ninguna realidad más allá de su objetivo sexual del momento y que terminó fatalmente para Diana. Y tampoco puede decirse que estos crímenes sean algo general. Las muertes de otras mujeres en condiciones similares siguen siendo casos puntuales porque ocurren en un momento dado sin relación con otros sucesos similares protagonizados por otros asesinos. Un asesino en serie sí estaría cometiendo un acto general porque lo ha interiorizado en su conducta y lo repite hasta que es atrapado; asesinatos en masa por razones étnicas o violaciones generalizadas de mujeres como acto de guerra no son hechos puntuales sino la consecuencia de una acción despiadada y organizada para someter la voluntad o inferir un daño irreparable a los demás.

Anais Bernal, periodista y profesora de la Universdad Oberta de Cataluña, afirma: “Socialmente, este tipo de violencia machista, el caso de las niñas de Alcasser, el caso de Marta del Castillo, el caso de Sandra Palo, se consideran como hombres que están locos, que son psicópatas y que han reaccionado así y no son enfermos, no son nada de eso”. Esta es una afirmación en parte correcta pero no al cien por cien. Los psicópatas no están locos, viven entre nosotros como personas aparentemente normales, no están fuera de la realidad, no deliran, no escuchan voces, y no tienen miedo. Lo único que los diferencia de los demás es su falta de empatía. De sus acciones equívocas no se deduce arrepentimiento, ni cargo de culpa, ni remordimientos de conciencia. Hacen lo que hacen y que se fastidie todo el mundo. Pero no todos son violentos o asesinos. La mayoría están bien adaptados al entorno y cuesta reconocerlos. Los que matan suelen tener una historia personal de abusos o maltrato en la infancia, no asesinan por machismo, sino por pura falta de empatía. Hacen lo que les da la gana y luego, sin remordimiento, asesinan, justificando acciones tan horribles con argumentos espurios y hasta infantiles. En todos los casos citados por Anais Bernal se repiten las conductas, quizás porque sus historias personales son parecidas. Como decía más arriba, el secreto está en descubrirlos antes de que delincan.

Confieso que he escrito todo esto desde mi más absoluto dolor por la pérdida de una vida humana, una verdadera desgracia para humanidad. He hecho toda esta reflexión en el convencimiento de estar aportando un punto de vista diferente y necesario para comprender los tristes hechos ocurridos, con la certeza de que alguien por fin entienda que el camino seguido para la prevención y tratamiento del problema es erróneo y lo corrija, y con la seguridad de que nadie se confundirá al respecto de mi rechazo más enérgico a cualquier tipo de violencia entre los seres humanos, sea del tipo que sea. Además, intento humildemente ofrecer algunas ideas o posibles soluciones con la intención de abrir un debate constructivo para hechos luctuosos, como éste, no vuelvan a repetirse jamás.

Para finalizar, quiero expresar mi más hondo pesar a la familia de Diana Quer quienes, después de un año y medio de no saber nada de su hija, de guardar una secreta aunque remota esperanza de que estuviera viva, se han encontrado con la peor realidad posible y sin anestesia. Mis condolencias

Autor: Jorge Skibinsky, Presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados de Las Islas Baleares (APFSIB)

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Publicado en Opinión.
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