Pasando por Capilla: Tabarnia is not Catalonia

Hace unos años, en una intervención del político de ERC Joan Tardà en el Congreso de los Diputados, sobre el según él “indiscutible derecho de autodeterminación de Cataluña”, el entonces ministro de exteriores, José Manuel Margallo, le interpeló con una extraña pregunta: “¿Reconocería usted, señor Tardà, el derecho de autodeterminación de Tarragona?” a lo que este replicó con un rotundo “¡NO!” que provocó las risas entre los asistentes.




El planteamiento, tan sencillo como mal intencionado, no hizo sino más que dejar en evidencia las contradicciones del nacionalismo, capaz de exigir a otros lo que al mismo tiempo niega a los propios. Las últimas elecciones en Cataluña han dejado ver unos resultados que merecen un análisis. Ciudadanos se ha impuesto en 9 de las 10 ciudades más pobladas de la comunidad autónoma. Además, el voto nacionalista se concentra en las provincias de Lérida y Gerona, mientras que Barcelona y Tarragona optan por el apoyo a partidos constitucionalistas. Por así decirlo, los centros urbanos y lo que últimamente se ha dado en llamar “Tabarnia”, la región que incluiría a la Cataluña barcelonesa y tarraconense, votan de una forma muy distinta al resto de la comunidad. Y paradójicamente, y siempre usando la dialéctica habitual del nacionalismo, son estas las regiones que, desde el punto de vista económico, han padecido desde siempre el latrocinio de Gerona y Lérida, provincias con una población más dispersa, envejecida y con menor productividad que lastran el crecimiento de Barcelona, Tarragona y los centros urbanos.

Centrémonos un poco en esas balanzas económicas que tanto gusta mencionar al secesionismo. Según las balanzas fiscales de 2014, las últimas disponibles, Barcelona mantiene una saldo fiscal negativo con el resto de Cataluña del 17%. Esto supone que mientras que la inversión en cada catalán por parte del gobierno autonómico es de 44 euros por habitante, en la ciudad condal no llega a 27 euros. Por otro lado, mientras que Barcelona y Tarragona, regiones con industria, servicios financieros y visitados por millones de turistas generan el 73% de los ingresos de toda la Comunidad Autónoma, las mismas sólo reciben una inversión del 59%. Es decir, hay claramente un saldo negativo entre estas dos partes de Cataluña.

Así que centrándonos en argumentos puramente económicos, ¿por qué Barcelona y Tarragona, así como los centros urbanos, no podrían reclamar su independencia del resto de Cataluña? ¿Por qué deben asumir este latrocinio por parte de regiones más atrasadas que llevan años pagando sus servicios públicos a costa del superávit de regiones más productivas? Y todo ello además sin entrar en argumentos lingüísticos, históricos y culturales de las que podríamos hablar largo y tendido que no harían sino ahondar y remarcar las diferencias entre ambos territorios. Obviamente se trata de una reflexión irónica. Es comprensible que al alcanzar cierta extensión territorial se den diferencias, algo que resulta visible en cualquier lugar. Sin embargo, resulta interesante llevar a cabo esta puntualización para poner al nacionalismo ante su propio espejo, y es que ciertas argumentos pueden ser como un boomerang, acaban volviendo y golpeando a uno mismo.

Autor: Antonio Capilla Vega, Secretario de Comunicación de Ciudadanos en Mallorca

Comentarios Facebook
Publicado en Opinión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *