Pasando por Capilla: Autodeterminación para el Rafal

Digan lo que digan, somos una realidad distinta. Un ente diferenciable dentro del conjunto de Mallorca.

Invito a cualquiera que no conozca el barrio a adentrarse en sus calles y verá como somos incomparables, hasta el punto de que se nos podría calificar de “nación”. Tenemos el derecho inalienable de dirigir nuestro destino, y por ello proponemos un referéndum de autodeterminación con el que podamos librarnos del yugo opresor de Mallorca y las islas Baleares.

Pero vayamos por partes, porque queremos convencer a los lectores de las bondades que supondría para los rafaleños y rafaleñas la independencia, que incluso también sería beneficiosa para el resto de Mallorca. En primer lugar, está el argumento económico. Somos una de las regiones con mayor tasa de actividad, ya que tenemos una población bastante más joven. Hay gente trabajadora, que contribuye con sus impuestos de manera desmesurada puesto que nuestra balanza fiscal es claramente negativa.

Observen nuestras calles y verán que están sucias, con una recogida de basuras ineficiente que provoca que se acumulen muebles viejos y que nuestros parques están descuidados. Si nosotros somos los administradores de nuestras finanzas, conseguiremos gestionarlas de forma mucho más eficiente, crearemos riqueza que se distribuirá de forma equitativa e incluso nuestros niños podrán comer helado de postre cada día.

Por otra parte, queremos romper con el centralismo esclavizador. El Consell, el Parlament Balear y otras instituciones son entidades alejadas de nosotros. Ellos, que están en la otra punta de la ciudad, y por tanto son ajenos a nuestras necesidades y reivindicaciones, deciden por nosotros y nosotras. Queremos hacer valer instrumentos democráticos mucho más participativos, y gozar de nuestros propios órganos de autogobierno eligiendo el futuro que queremos.

En tercer lugar está el argumento identitario. Entre nosotros son más populares las sevillanas que el ball de bot, en nuestros bares se consume más paella o jamón serrano que tumbet, y contamos con muchos aficionados al Real Madrid, el Barcelona o el Atlético de Madrid, muchísimos más de los que tiene el Real Mallorca. Somos diferentes, y en el actual marco, Mallorca no garantiza la preservación de nuestros rasgos culturales.

Por último, está el irrefutable argumento de la democracia. Nuestro ya descrito carácter rafaleño se ve amenazado cultural, política y económicamente y tal y como hemos hecho constar debe ser protegido. Y sólo lo podemos conseguir haciendo valer nuestro derecho de autodeterminación, porque no somos una colonia de Mallorca, y debemos decidir con un referéndum nuestro futuro. Para tal proceso nos serviremos de varios medios.

Subvencionaremos a nuestro diario local del Rafalí para que todos los ciudadanos sean conscientes de nuestro agravio comparativo. Haremos que en nuestras instituciones educativas se forme a nuestros jóvenes en otra realidad, donde se pueda contemplar que nuestra historia ha sido siempre un tira y afloja entre nosotros y Mallorca. Y en lugar de buscar fórmulas de reformar el actual status quo, incidiremos en el victimismo y nuestro trato desigual. Antes o después, se cuente con mayoría o no, el Rafal será independiente, anexionaremos barrios adyacentes como el Rafal Nou y Son Cladera, y no nos importará que eso se haga fracturando a la sociedad en dos o que nuestra declaración unilateral de soberanía no cuente con el respaldo internacional de ningún organismo o nación. Llegado a este punto su rostro reflejará una mezcla de asombro y lástima.

Obviamente, esto constituye un decálogo argumentativo extremadamente pobre que debe ser tomado a risa. Pero punto por punto no constituye más que una parodia de lo que cualquier nacionalista catalán defendería hoy por hoy en una conversación, y bastaría con cambiar una serie de detalles para que pudiera verse este texto en alguno de esos pasquines subvencionados por la Generalitat. Todo país que alcanza una determinada extensión alberga en su territorio ciudadanos entre los cuales las diferencias, más que un factor de ruptura, deben de ser un instrumento enriquecedor y de cohesión. Y puestos a admitir el derecho de secesión unilateral, no sé dónde y quién es el encargado de determinar el punto final. Más que nunca, en estos tiempos hay que recordar la expresión que en su día pronunció el pensador José Ortega y Gasset: “El nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño”.

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Publicado en Opinión.

2 Comentarios

  1. Antonio, no des ideas, que entre los nacionalistas además de no abundar el sentido común tampoco lo hace la capacidad de detectar el sarcasmo, a ver si de esto va a salir algo de lo que nos vayamos a arrepentir

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