Esto es lo que hay: Servicios a mínimos; precios a máximos…



Autor: Marc Rigo Suau

En esta deliciosa isla llamada Mallorca el servicio no funciona y se encuentra, por decir algo, a mínimos. La mayoría de las personas que se dedican a servir en bares, cafeterías, restaurantes, etc… no parecen lo suficientemente capacitadas para ejercer esta bella profesión. Una antigua película española basada en la obra homónima del dramaturgo Alfonso Paso y dirigida por Mariano Ozores que se titulaba “¡Cómo está el servicio!”, nos viene como anillo al dedo, ya que vayas por donde vayas, la mayoría de las veces, el servicio es un desastre y no es necesario que protestes porque es evidente que al final no arreglas nada y lo único que consigues es irte a casa cabreado. Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible.





Lo que funciona perfectamente, en estos deliciosos momentos económicos que estamos viviendo, son los precios. Si tardan en servirte o cuando te sirven lo hacen rematadamente mal o, quizá, las dos cosas a la vez, el importe siempre está por las nubes, ya que es lo único que se mantiene. Si el servicio es malo tendrían que tener un mínimo de vergüenza y aplicar unos precios mucho más asequibles al bolsillo del consumidor. Se supone que no cobra lo mismo un aprendiz que un maestro armero de oficio, pero lo que realmente importa, una vez terminado el día, no es mantener un buen servicio y un precio justo y adecuado, sino que la caja sea lo más cuantiosa posible y que salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera.

En Palma se han montado infinidad de bares, cafeterías, garitos; uno al lado del otro, con una oferta turística desastrosa, sin ninguna profesionalidad y, como dije anteriormente, muy caros para el ciudadano de a pie que a la larga es el que paga el pato. En una ocasión se me ocurrió pedir explicaciones por un precio que consideré excesivo y la contestación, además de maltratarme, fue que podían cobrar lo que quisieran. Ojo al dato: 12’50 euros por un Gin Tonic de lo más normalito, en un chiringuito de la Plaza España y servido por un personaje recién aterrizado en la isla y con un desconocimiento total de su profesión, pero eso sí, más chulo que un ocho. Creo, me parece, me imagino, no lo aseguro porque no he tenido el placer de visitarlo nunca, que en el Hotel Ritz de Madrid los precios son más moderados. ¡Esto es lo que hay!

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Publicado en Opinión.
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